12 febrero 2021

¿Con qué alimentos nos estamos equivocando en la alimentación de nuestro hijo?

En la dieta diaria consumimos muchos alimentos “saludables” cargados de azúcar, con el riesgo que conlleva de provocar caries. En cambio, a ojos de los padres, las chucherías y golosinas son los principales responsables. Es por ello que, ante una visita al dentista y el diagnóstico de varias lesiones de caries en niños pequeños, los padres formulan la pregunta clave: “pero si mi hijo no come chuches, ¿por qué tiene caries?”

Existen muchos alimentos con cualidades buenas para la salud pero con alta cantidad de azúcares

  1. Bebidas lácteas probióticas: se promocionan como una “deliciosa leche fermentada que ayuda a tus defensas”, atribuyendo este poder a la presencia del famoso microorganismo Lactobacillus casei. Lo que no nos dicen si no miramos la etiqueta es que una botella de 100gramos posee 12,5 gramos de azúcares, siendo el azúcar el segundo ingrediente después de los dos tipos de leches que contiene (desnatada y semidesnatada).
    No es el microorganismo Lactobacillus casei si no la vitamina B6 añadida en este lácteo la responsable de activar nuestras defensas. Dicha B6 se consigue de manera natural con una dieta equilibrada estando presente en frutas, cereales integrales, verduras, legumbres, etc. Es más, un plátano aporta el triple de cantidad de vitamina B6 que una de estas medidas, y a un precio menor. 
  2. Miel: la miel cruda tiene propiedades antibacterianas, anti-inflamatorias y antioxidantes. Esto en cambio no la convierte en un alimento mágico ni mucho menos necesario. Se puede consumir de manera esporádica, pero cuidado al usarla de forma habitual, pues puede desencadenar en un exceso de azúcares libres y con ello otros problemas de salud.
  3. Galletas: el reclamo de la industria con las galletas es muy extenso, pero nos centraremos en las galletas “saludables”, supuestamente sin azúcares añadidos, analizando su composición: 
  • PRINCIPALES COMPOSICIONES:
    • Aceites vegetales refinados (girasol o palma), su consumo favorece el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo II y diferentes tipos de cáncer. 
    • Jarabe de glucosa, fructosa, maltodrextrina, jarabe de maíz, etc. Estos componentes aportan dulzor se relacionan directamente con el riesgo de obesidad, diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares.
    • Harinas refinadas. Se utilizan harinas de cereales al que le han quitado la fibra y en consecuencia el indice glucémico es mayor, es decir, el azúcar sube más rápido en sangre. Las que aparecen como integrales suelen ser harinas refinadas a las que se añade salvado a posteriori.
  1. Bebidas azucaradas: son aquellas a las que se les ha añadido azúcar de cualquier tipo. Entre las más comunes encontramos refrescos, zumos envasados, lácteos azucarados y bebidas “energéticas”.
    Son muy perjudiciales ya que su consumo está relacionado directamente con el sobrepeso y la obesidad, causa directa de Diabetes tipo II, problemas cardiovasculares, y algunos tipos de cáncer. Un consumo excesivo también puede provocar erosiones dentales.
  2. Otros azucares añadidos: el azúcar añadido es azúcar libre que ha sido adicionado al alimento durante su producción (industria), preparación (cocineros) o en el momento de consumo (cuando añadimos azúcar al café por ejemplo).
    Para saber si un azúcar es o no añadido, debemos fijarnos en la lista de ingredientes. No te dejes engañar por los productos “sin azúcar”, si es añadido, entre los ingredientes aparece: azúcar, sacarosa, glucosa, fructosa, jarabe de maíz, sirope vegetal de arroz, azúcar de coco, azúcar invertido, maltodextrina, destina, dextrosa, concentrados de fruta, melaza, mínela, miel.

Debido al efecto perjudicial del azúcar libre en el metabolismo y la relación de su consumo con el aumento de peso, la OMS recomienda que el azúcar libre no aporte más del 5% de la calorías totales ingeridas al día.

Su consumo enmascarado dentro de estos “alimentos” representa uno de los factores más influyentes en la aparición de dichas caries, y tienen en común que son hiperpalatables (están diseñados para que siempre queramos más y sea difícil parar de comerlos) y alteran los mecanismos naturales de saciedad, lo que puede provocar un consumo excesivo de los mismos.