De qué hablamos si hablamos de clase I, II y III en ortodoncia

Si alguna vez has tenido una cita de valoración de ortodoncia, o has mostrado interés por cómo funciona (ya sea porque consideras que necesitas tratamiento y has querido informarte previamente, por alguien de tu entorno o simplemente por mera curiosidad), seguramente hayas escuchado hablar de maloclusiones y clases I, II o III. Tanto si no te ha quedado del todo claro, como si quieres ampliar información y, especialmente, si no tienes ni idea de lo que hablo, este artículo es para ti.

El término maloclusión hace referencia a la situación en la que se produce un mal contacto entre los dientes superiores e inferiores al morder o cerrar la boca. Las diferentes maloclusiones se clasifican en diferentes categorías según la mordida, y las más habituales son las clases a las que he hecho referencia en el párrafo anterior. Para clasificarlas así, nos basamos en la posición de los primeros molares y caninos según la forma en la que encajan (o más bien no lo hacen) en la parte superior e inferior de tu boca.

Esto también ocurre cuando existe una discrepancia esquelética, es decir, que hay una diferencia a nivel de hueso entre el maxilar y la mandíbula. Esta clasificación es muy importante, ya que nos ayuda durante el tratamiento.

Aun así, hay que precisar que estas maloclusiones de clase I, II y III son las que se dan en el plano sagital, pero existen otras, en el plano horizontal y vertical, que también generan problemas odontológicos a quienes las sufren y deben ser tratadas con ortodoncia.

Dicho esto, pasemos a las que nos ocupan y analicémoslas una a una.

Clase I

 

La llamada clase I es en realidad la relación ideal entre los dientes, el maxilar y la mandíbula. Esta es la que idealmente llamaríamos como oclusión ‘normal’ y es la que queremos conseguir con un tratamiento de ortodoncia. Lo ideal es que todos los pacientes que se someten a un tratamiento de ortodoncia la alcancen.

Esto no quiere decir que una persona con clase I no vaya a tener otros problemas que requieran ser tratados con ortodoncia, como apiñamiento o una mordida cruzada, o que en ocasiones, casos complejos necesiten alcanzar una clase I para lograr el resultado más óptimo tras su ortodoncia.

Clase II

La maloclusión de clase II se da cuando los dientes de la arcada inferior no ocluyen correctamente con los de la superior porque se encuentran más hacia atrás (en la ilustración queda más claro) de lo que deberían. Esto puede deberse a un crecimiento insuficiente de la mandíbula o uno excesivo del maxilar, aunque lo más habitual es que se trate de una combinación de ambos.

La clase II y los problemas derivados de la misma suelen ser hereditarios, aunque se ven agravados por otros factores como la succión de los dedos, la deglución atípica, etcétera. Las personas con clase II suelen sentir que les cuesta morder un bocadillo o cortar un hilo, ya que los dientes de arriba no contactan con los de abajo.

Además, suele venir acompañada de apilamiento dental, con dientes separados, colmillos altos…

Clase III

La maloclusión de clase III es la que se da cuando los dientes inferiores están más hacia delante, o hacia afuera, que los dientes superiores. Es una de las más complejas y también se conoce como prognatismo, ya que en pacientes con esta maloclusión, observamos un mentón prominente si les vemos de perfil. Lo que popularmente se conoce como ‘mameto’.

Los problemas de clase III generalmente se deben a un crecimiento excesivo en la mandíbula, una falta de crecimiento del maxilar, o una combinación de ambos. Al igual que en las clases II, este tipo de maloclusiones presentan un gran componente hereditario.

De hecho se trata del tipo de maloclusión en la que más influyen los genes, según los estudios publicados al respecto.

Espero que esto haya aclarado tus dudas sobre las distintas maloclusiones, con respecto a los tratamientos para cada una de ellas, normalmente se pueden tratar con ortodoncia ‘normal’, es decir, brackets o alineadores invisibles, pero depende del grado de complicación del caso, de la edad del paciente y otra multitud de factores que harían de este artículo algo demasiado farragoso y extenso.

Baste con mencionar que, por ejemplo, si entramos en problemas como la clase III esquelética en adultos, suele ser necesaria una intervención quirúrgica ortognática además del tratamiento de ortodoncia. Pero eso podremos verlo en sucesivos artículos del blog.